Durante el año nos pasamos la vida diciendo que necesitamos parar para pensar. Pero no paramos. Ni pensamos demasiado. Respondemos correos, asistimos a reuniones, apagamos fuegos y llenamos calendarios con asuntos urgentes que, vistos con cierta distancia, quizá no lo eran tanto.
Entonces llega el verano.
Madrid se vacía un poco, el teléfono suena menos y algunos correos pueden esperar hasta septiembre sin que ocurra ninguna catástrofe. De repente aparece un espacio extraño. Una especie de nada. Y, como no estamos acostumbrados, al principio incluso nos incomoda.
¿Qué hacemos ahora que nadie nos pide nada?
Pues pensar. O no pensar, que a veces es la mejor manera de empezar a hacerlo.
Las mejores ideas, soluciones y estrategias de comunicación suelen surgir precisamente ahí: durante un paseo, en una conversación sin orden del día, mirando el mar o leyendo algo que no tiene ninguna relación aparente con nuestro trabajo. Surgen cuando dejamos de perseguirlas.
El ruido sirve para mantenernos ocupados. El silencio, en cambio, puede ayudarnos a comprender.
Por eso el verano es un buen momento para preparar septiembre. No hablo de llevarse el ordenador a la playa ni de contestar correos desde una tumbona con la falsa sensación de ser imprescindible. Hablo de tomar distancia y hacerse algunas preguntas sencillas: ¿Qué quiero contar? ¿Por qué debería importarle a alguien? ¿Qué estoy diciendo igual que todos los demás? ¿Dónde está lo verdaderamente interesante de mi proyecto?
Una estrategia de comunicación empieza cuando somos capaces de encontrar una idea clara y entender qué queremos provocar con ella.
Septiembre, además, tiene algo de enero. Todo el mundo regresa con proyectos, anuncios, campañas, libros, encuentros y propósitos renovados. Hay entusiasmo, pero también muchísimo ruido. Si esperamos a la vuelta para decidir qué queremos contar, probablemente llegaremos tarde y terminaremos haciendo lo de siempre: comunicar deprisa, por obligación y sin una dirección demasiado clara.
El verano permite hacer lo contrario. Observar, ordenar, descartar y elegir. Pensar menos acciones, pero mejores. Encontrar una historia propia. Preparar las palabras antes de que llegue el momento de pronunciarlas.
Luego septiembre vendrá con sus prisas, sus reuniones y sus asuntos urgentísimos. Ya sabemos cómo funciona. Pero quizá nos encuentre con algo importante resuelto: una idea, un propósito y una estrategia.
No está mal para haber surgido de la nada.
