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Medialuna editorial y comunicación

¿Dejar de comunicar en vacaciones? Mitos y realidades

Hay personas que, cuando se van de vacaciones, parecen entrar en un programa de protección de testigos. Desaparecen. No contestan correos, no publican nada, no sabemos dónde están ni qué ha sido de ellas. A veces regresan en septiembre más descansadas. Otras, simplemente más morenas. 

Yo no tengo nada contra desaparecer durante unos días. Es más, me parece bastante saludable. Pero una cosa es descansar y otra creer que la comunicación cierra por vacaciones, baja la persiana y cuelga un cartel de «Volvemos en septiembre». 

Primer mito: Las vacaciones son para no comunicar nada

La realidad es que la comunicación continúa. Solo cambia de escenario. Dejamos la oficina, las reuniones y los mensajes urgentes para hablar desde otros lugares, con otro ritmo y sobre asuntos diferentes. También comunicamos cuando recomendamos un libro, compartimos una conversación o contamos algo que nos ha sorprendido durante un viaje. 

Segundo mito: Hay que preparar todas las publicaciones con antelación

Es cierto que una buena planificación evita tener que pensar en contenidos mientras plantamos la sombrilla. Pero no todo puede, ni debe, dejarse programado. 

Comunicar también es compartir, vivir y disfrutar. Una estrategia demasiado cerrada corre el riesgo de parecer escrita por alguien que se fue de vacaciones y dejó a una máquina ocupando su lugar. Podemos preparar una parte y reservar otra para lo inesperado. Lo espontáneo suele tener más vida que la publicación perfecta que lleva tres semanas esperando su turno en el calendario. 

Tercer mito: En redes sociales tenemos que mostrar viajes maravillosos, playas vacías y momentos felices

No sé de dónde sale esa obligación de demostrar que estamos viviendo el mejor verano de nuestra existencia. Las vacaciones reales incluyen atascos, hoteles distintos a los de las fotografías, discusiones familiares y días en los que no ocurre nada memorable. 

La comunicación interesante no necesita una vida perfecta. Necesita verdad, autenticidad y una mirada propia. Una anécdota pequeña puede contar mucho más sobre nosotros que diez selfies en la playa de moda. 

Y algún milagro también viene bien. 

No hay que dejar de comunicar en vacaciones. Hay que hacerlo de otra manera: con menos ruido, menos obligación y algo más de libertad. Porque descansar no significa desaparecer. A veces significa, sencillamente, volver a mirar. 

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