Una de las causas principales es la escasa visibilidad pública de las mujeres. Participan en menor medida como ponentes en conferencias, foros de debates. Tienen menos Prensa, menos público, y por tanto menor fuerza comercial. ¿Por qué se suben más hombres que mujeres al escenario? Tenemos claro que, para hacer negocio, es imprescindible trabajar en la marca personal y corporativa. La comunicación, las relaciones públicas, la autoría de libros de alto impacto, ayudan a conseguir el posicionamiento y la reputación, dos valores imprescindibles en el ámbito empresarial. Hace 30 años que me dedico a ayudar a promocionar corporaciones y personas. Animo a las empresarias y emprendedoras a comunicar, a trabajar también su marca personal, a escribir y publicar su libro, hacer networking y ser parte de la vida pública. Solo siendo visibles serán accesibles, comprables, alcanzables. Solo teniendo una buena imagen, una empresa o una persona pueden aspirar a ser reconocidas y consideradas en el mercado.
El dato que hoy conocemos que casi la mitad de los españoles percibe esa desventaja no hace más que poner cifras a algo que llevamos años observando. No se trata únicamente de una cuestión estructural o económica. Es, sobre todo, una cuestión de relato. De presencia. De autoridad pública.
En tecnología y comunicación, encontramos referentes como Irene Cano al frente de Meta en España y Portugal, María González en Amazon, marcando el paso de una industria que define el presente. En banca y finanzas, Ana Botín, Cecilia Boned, Bea Larregle o Paloma Real toman decisiones que impactan directamente en la economía global. En empresa y consumo, nombres como Sol Daurella, Núria Cabutí, María Carceller, Rosa Clará, Rosa Tous o Margarita Salvans demuestran que el liderazgo femenino no es una promesa, es una realidad consolidada. Y en sectores estratégicos como la industria, la energía o la salud, profesionales como Laura Carnicero, Mar Pieltain, Ana Argelich, Laura Colón o Adriana Rubio Silva están impulsando el cambio desde dentro.
Por eso insisto: no basta con hacer bien las cosas. Hay que saber contarlas. Hay que ocupar espacios. Hay que generar conversación.
En Medialuna lo vemos cada día: cuando una persona decide dar ese paso, cuando construye su narrativa y la proyecta, algo se transforma. Se convierte en referente. Se vuelve visible. Se vuelve elegible.
¿Y si la verdadera brecha no estuviera solo en las oportunidades, sino en la visibilidad de quienes están preparadas para aprovecharlas?
Es el momento de cambiar el foco. De pasar de la prudencia al posicionamiento. De la duda a la acción.
Te invito a reflexionar: ¿estás ocupando el espacio que te corresponde?
Habla. Escribe. Comparte. Preséntate. Relaciónate. Construye tu marca con intención y coherencia.
Abraza tu singularidad e inspira a otros a hacer lo mismo.
