Nadie podía imaginarme a mí, en mi piso de Madrid, con perro. Ni yo misma en mis más remotos sueños. Cuando veía por el barrio a gente llevando a sus perros de paseo, con su correa, con su bolsa de cacas azul como la mía, con su conversación, me preguntaba qué pelotas haría un perro en sus pisos, qué tipo de tonto humano podría encontrar algún tipo se satisfacción en el paseo de primera hora, de segunda, de noche, en la comida a base de pienso, en la torpeza de una alfombra meada por el perro, en el accidente matutino de un cachorro que se te cruza entre tus piernas y te distorsiona el desayuno.
Pero sí. Este fin de semana me he visto una película de Julia Roberts con mi nuevo perro, he caminado un poco por el parque (le cuesta, no le gusta andar, se resiste al paseo) y me he sentado en un banco al sol. Todo eso con Bosco. Mis hijos se preguntan si me ha pasado algo o he tenido algún tipo de trauma de personalidad. Porque sí, Bosco tiene cuatro meses y lleva en casa apenas tres semanas.
Siempre hay un porqué para todo y ese todo se llama Luz. Hay situaciones en las que algo superior a una misma, involuntario, sorprendente, subversivo, hace que todo cambie. Ese momento en el que este Bosco aparece y logras entender lo que nunca antes hubieras imaginado. Cada animal, humano o no, llega a nuestra vida por y para algo. Sin casualidades posibles. Bosco es paciente, tranquilo, muy terco, inteligente, tozudo. Dice que no anda y me reta todos los días. Tengo el brazo derecho dolorido por tirar de la correa. Bosco nos ha salido un poco vago, prefiere quedarse en casa, no le gusta eso de correr por el parque porque sí. Me parece un perro intelectual, como casi todos en la casa… pero le perdono.
De momento, ha conseguido que pierda mi miedo a los perros (hace muchos años me atacó un pastor alemán y desde entonces me da respeto) y gane paseos al sol. Luz le trata con mucho cariño, como si fuera su bebé recién nacido; yo le pongo la comida y disimulo las carantoñas… para que no se note tanto el cambio. Así vamos. ¡Quién me lo iba a decir!
Bosco, bienvenido, no sé por qué, pero me está gustando tu mundo perruno. Estamos conociendo juntos muchos tipos de caminantes a cuatro patas. Todos distintos. Los pequeños son bastante escandalosos y chillones; los grades impresionan, todos tan distintos…A mí, el que más me gusta eres tú. Parece que piensas, sabes mirar, das tranquilidad y has entendido todo.
